Metal y Poder en la Sociedad Argárica

Esta entrada del blog, quizá sea la más especial para mi, ya que la información suscrita en ella formo parte de mi Trabajo de Fin de Grado.

4. METAL Y PODER EN LA SOCIEDAD ARGÁRICA

Desde un punto de vista histórico, se tiene por lo general asumido que la metalurgia jugó un papel determinante en el desarrollo de la sociedad Argárica. Esto es debido a la relativa baja incidencia del mineral en la naturaleza y a su complejidad técnica en cuanto al tratamiento, ya que, la metalurgia es difícilmente realizable sin un aumento de la especialización y de la división del trabajo. Por ello, el término metalurgia no sólo puede ser utilizado para definir el desarrollo de un medio específico de la producción, sino que también pone en evidencia la llegada de un nuevo medio para obtener el poder: la violencia, que pondrá las bases para determinadas estructuras de poder político. Pero aun cuando la metalurgia tuvo un gran impacto a largo plazo sobre la sociedad Argárica, todavía debemos cuestionarnos de qué manera y durante qué período de tiempo afectó a dicha sociedad y a la estructura política en las diferentes regiones y lo que es más difícil, el escudriñar cómo, estos pueblos reaccionaron ante esta nueva tecnología (Lull et al, 2010a: p. 323).

4.1. ANTECEDENTES

En el V milenio a.C., Europa se dividió en dos zonas fronterizas: una oriental o región “metalúrgica”, frente a una zona occidental en la que la jadeíta y los cuchillos de obsidiana se distribuían a amplias distancias y donde las herramientas de perforación y corte fueron hechas exclusivamente de piedra y hueso (Petrequin et al., 2002; citado en Lull et al., 2010a: p. 324). Existen varias contradicciones acerca del tardío uso del metal dentro de las sociedades occidentales y sus causas. El retraso durante alrededor de 1000 años, del comienzo de la metalurgia en Europa Occidental y específicamente en el área mediterránea occidental difícilmente puede deberse a la ausencia de materia prima apropiada o a la capacidad tecnológica de estas áreas. Es mucho más probable que esta tardanza tecnológica se debiera más a causas socio-económicas, o de organización y relaciones políticas (Lull et al., 2010a: p. 324).
El cambio en estas sociedades provocaría una rápida difusión de la metalurgia en una amplia zona del sudoeste de Europa. A partir de la segunda mitad del IV milenio a.C.
viejas resistencias fueron eliminadas y la mayoría de las sociedades, de Italia a Portugal, comenzaron a producir y / o a utilizar objetos de cobre (Lull et al., 2010a: p. 324). En este contexto de antecedentes, nos gustaría señalar la estructura socio-económica y política de la primera sociedad metalúrgica caracterizada en el Sureste de la Península Ibérica, nos referimos a la llamada cultura de “Los Millares” ligada a la Edad del Cobre local. Esta área, situada por encima del río Andarax (Almería) contiene uno de los depósitos de mineral más ricos de Europa, que hasta la primera mitad del siglo XX aún se estaba explotando. Gracias a las últimas intensivas investigaciones arqueológicas en la zona durante estas décadas, podemos discernir su organización metalúrgica y su significado dentro de la sociedad. En cronología absoluta, la cultura de Los Millares comenzó alrededor del 3100 a.C. y se desarrolló durante varias etapas, hasta el 2200 a.C. (Castro et al 1996; Lull et al., 2008; citados en Lull et al., 2010a: p. 324).

4.2. LOS PROCESOS DE PRODUCCIÓN METALÚRGICA Y SU RELACIÓN CON LA JERARQUIZACIÓN SOCIAL EN LA SOCIEDAD ARGÁRICA

Desde hace algún tiempo se conoce que los primeros objetos de metal en la Península Ibérica fueron hechos de un cobre que, normalmente contenía pequeñas cantidades de arsénico. En época Argárica, sobre todo en la provincia de Almería, es donde mayor número de objetos metálicos se han encontrado y han sido analizados, no encontrándose en ellos un aumento específico en el contenido de arsénico sino más bien una separación de valores entre las categorías de los artefactos.
Alrededor del 1750 a.C., el sistema productivo argárico alcanzaría su punto culminante con los llamados “verdaderos” bronces, que contienen estaño, además del cobre de etapas precedentes (Castro et al. 1999; citado en Lull et al., 2010a: p. 327). Esta aleación solo se encuentra en un 10-15% de todos los productos de metal en la provincia de Almería, siendo más utilizada para el adorno personal, que para herramientas y armas. Esto hace que nos planteemos la pregunta de si se trata de productos locales o mercancías importadas de zonas más al norte de la Península Ibérica, donde ya se estaba produciendo bronce desde la mediados del III milenio antes de Cristo (Saña et al., 1998; citado en Lull et al., 2010a: p. 327). Ya en las postrimerías del mundo Argárico, alrededor de 1550 a.C., el uso del bronce sería mucho más común en el Sureste peninsular.
Otro de los metales que se utilizaría desde la Edad del Cobre, es el oro. Según los pocos hallazgos arqueológicos, podemos fechar los orígenes del uso del oro en la Península Ibérica durante el III milenio a.C. La mayoría de los objetos más antiguos se hicieron a partir de láminas, como es el caso de la famosa diadema de oro de la cueva de los Murciélagos de Albuñol (Almuñécar, Granada). Hasta 1550 a.C., el oro todavía jugaría un papel menor en el Sureste Ibérico, en contraste con otras regiones de la Península Ibérica (Lull et al., 2010a: p. 327-328)
En cuanto a la plata, sin embargo, nos encontramos ante el metal característico de El Argar. Esto es apreciable si observamos el mapa referenciado más abajo, donde la cantidad de objetos de plata encontrados en la zona del sureste peninsular, supera con ciernes la distribución de plata del resto de Europa entre los milenios IV y II a.C. Desde finales del III milenio en adelante la plata fue un material importante para la producción de adornos y en menor medida, para los remaches de las dagas (Castro et al. 1993-1994; Montero et al. 1995; citados en Lull et al., 2010a: p. 328).

mapa-1

Fig. 1: Distribución de la plata prehistórica (IV-II milenios a.C.) en Europa central y occidental. (Fuente: Bartelheim et al., 2012: 294)

Aunque se ha registrado gran cantidad de elementos de plata en los enterramientos intramuros de El Argar, la mayoría de producción argárica de este metal consiste en pequeños aros, pulseras y espirales, una de las cuales la podemos observar en (Fig. 2a), encontrada en La Bastida (Totana). Debido a este tamaño tan pequeño, muchos de los objetos podrían haberse perdido en excavaciones anteriores en las que no se realizaba el tamizado. Debido a los rasgos morfológicos de estos objetos, podemos saber que la mayoría de ellos se producían a partir de barras de plata de diferente grosor y longitud (Lull et al., 2014: p. 567). Estas barras serían producidas específicamente para ser distribuidas por todo el territorio argárico. Existen también remaches de plata, presentes en 24 armas de El Argar, principalmente en dagas y en algunas alabardas como la reflejada en la (Fig. 2b), perteneciente al enterramiento no. 18 de Fuente Álamo. La transformación de las barras de metal, en láminas delgadas, supondría un cambio en la producción, específico para la fabricación de una segunda clase de objetos de plata argárica. Dentro de estos objetos fabricados mediante láminas de mayor o menor grosor, encontramos las diademas. Este ornamento podemos apreciarlo en la (Fig. 2c), y es uno de los más destacados y distintivos del mundo Argárico, y sólo se encuentra en algunos de los más ricos enterramientos femeninos.

Fig. 2a, 2b, 2c: – 2a. Espirales de plata de La Bastida (Totana, Murcia); – 2b. Alabarda de cobre con 6 remaches de plata procedentes de la tumba 18 de Fuente Álamo (Almería); – 2c. Diadema de plata de un enterramiento femenino en El Algar (Almería). (Fuente: Lull et al., 2014: 564-566)

A parte de estos objetos más llamativos, también se han registrado diferentes tipos de moldes en poblados como Peñalosa y La Bastida, pero hasta ahora ninguno con residuos de plata. Con todos estos datos y teniendo en cuenta la gran variedad tipológica en la orfebrería argárica, podemos señalar la existencia de una la gran especialización técnica, dominando diferentes tipos de forja y fundición. Esto se ve refrendado arqueológicamente con el edificio central del pequeño complejo fortificado de Tira del Lienzo, cercano al centro urbano de La Bastida, en el que se ha podido documentar como primera evidencia de un taller de la plata argárica (Lull et al., 2014: p. 569). En este sentido, la mayoría de plata argárica, desde Alicante a Granada fue extraída de un número limitado de depósitos de plata nativos de la zona de Linares o El Horcajo, lo que indica una importante logística de extracción y circulación bien organizada y ejecutada, debido a la importancia que tuvo dicho metal en el Sureste peninsular en esta época (Lull et al., 2014: p. 566-567).
Aunque la plata tuvo un gran significado en la sociedad Argárica, formó parte de una gran ostentación de las élites dominantes. La rareza de documentar objetos de plata en el resto de la Península Ibérica, con tan solo una docena de objetos encontrados, versus los más de 700 artefactos documentados en el territorio argárico afianza este gran significado argentífero en las poblaciones argáricas y evidencian un gran suministro de plata nativa que, según las investigaciones actuales, lo podríamos encontrar en Peñalosa y la Rambla del Rumblar, en Sierra Morena (Lull et al., 2014: p. 574). Precisamente debido a ésta gran cantidad y al tipo de objetos de plata encontrados en varios grupos específicos de El Argar, se ha supuesto que la plata no era un material raro o excepcional, y que circuló asiduamente en todo el territorio argárico, aunque no toda la población tenía acceso a ella. En este sentido, la relación entre los patrones de producción y consumo permiten entender el valor económico como también el papel simbólico que este metal en estado nativo tuvo en las sociedades Argáricas (Lull et al., 2014: p. 574).
Desafortunadamente, actualmente no hay evidencia de minería prehistórica de estos minerales en las montañas del litoral del Sureste Ibérico. En general se acepta que los rastros de tales actividades en esta área han sido destruidos por las actividades mineras históricas que llevarían a cabo, púnicos y romanos en adelante, sin embargo, recientemente, las excavaciones en el asentamiento fortificado de Peñalosa han sacado a la luz que una de las principales zonas dedicadas a la minería del territorio argárico probablemente estuvo situada en Sierra Morena, exactamente el distrito de La Carolina-Linares (Contreras, 2000; citado en Lull et al., 2010b: p. 20).
La relevancia económica de la metalurgia argárica es evidente, si observamos la escala productiva. Un indicador de la importancia de la producción, circulación y uso de los objetos metálicos, es la capacidad de la sociedad Argárica de realizar procesos de reutilización o reemplazo de útiles, adornos y armas (Lull et al., 2010b: p. 26). Ateniéndonos a la densidad de productos emblemáticos de la metalurgia de la Edad del Bronce, como los útiles enmangados con remaches (cuchillos, puñales, alabardas y espadas), el Sureste Argárico presenta una capacidad de amortización muy superior a la del resto de la Península. No obstante y aun siendo cierta ésta última afirmación, otros autores como Montero y Murillo (2010: p. 42) niegan la posibilidad de una gran presencia de objetos reciclados, ya que la refundición de los metales hace que pierdan sus impurezas, dentro de las cuales se encontraría un elemento como el arsénico. Una proporción alta de este elemento en los metales estudiados en los ajuares funerarios argáricos es la prueba fehaciente de que estos procesos de reciclado no se diesen con tanta frecuencia, sobretodo en metales asociados a los ya mencionados ritos funerarios. Con los datos actuales de los que disponemos, no podemos justificar que la metalurgia argárica tuviese un alto índice de reciclado, borrando su nivel de producción, ni tampoco una gran concentración de talleres de producción (Montero y Murillo, 2010: p. 42).
Debido a las campañas de excavación realizadas desde 1985 en el yacimiento arqueológico de la Edad del Bronce Argárico del poblado jienense de Peñalosa (Baños de la Encina), de esta forma (Fig. 3)

penalosa

Fig. 3: Peñalosa, vista desde el norte. (Fuente: Moreno y Contreras, 2010: 55)

Se ha podido documentar una gran actividad metalúrgica, asumiendo una posible relación de esa producción con la provisión de metales a las comunidades del Valle del Guadalquivir y a las asentadas en la Depresión Linares-Bailen (Hunt et al., 2011: p. 196), como vemos en la (Fig. 4).

mapa-metal

Fig. 4: Plano general de la Depresión Linares-Bailén y registro arqueometalúrgico. (Fuente: Moreno y Contreras, 2010: 55)

El estudio de las herramientas macrolíticas usadas en la metalurgia nos indica que la forja, el pulido y el afilado de los objetos metálicos se llevaba a cabo en los asentamientos de altura, sin evidencias de la reducción de minerales excepto en el citado asentamiento de Peñalosa (Lull et al., 2010b: p. 20), único hábitat donde se ha podido documentar la secuencia operativa completa de la producción de metal en el mundo Argárico, y en el que las herramientas de trabajo de los metales se han encontrado en casi todos los edificios (Contreras 2000; Moreno et al., 2003; citados en Lull et al., 2010a: p. 333).
Los análisis de isótopos de plomo de muestras minerales del poblado reseñado, en el que las muestras analizadas son únicamente restos vinculados con la producción, confirman una explotación local de éstos recursos (Arboledas et al. 2006; Hunt et al., e.p.; citados en Montero y Murillo, 2010: p. 44) y lo que resulta más interesante en el proceso de producción, que el mineral se transporta al poblado y se procesaba en él, no a pie de mina. Con el mineral ya en el poblado, tanto hombres y mujeres como los individuos infantiles participarían del proceso productivo, el cual sería esencial para la existencia del asentamiento, produciendo objetos utilizados en diferentes ámbitos de la vida cotidiana como también en el ámbito funerario (Moreno et al., 2012: p. 114).
En razón a todo ello, Peñalosa es quizá el mayor ejemplo del que disponemos a la hora de establecer posibles conclusiones acerca de la jerarquización social y su relación con la producción metalúrgica. En éste poblado, nos encontramos un sistema de fortificación que protege a la totalidad de la población, pero que no implica que su construcción este dedicada a la protección de los súbditos por parte de las élites dominantes, sino quizá, la explicación de dicho fortín este en salvaguardar este importantísimo enclave dedicado a la producción metalúrgica. De hecho, ésta hipótesis se puede apreciar más fehacientemente en la disposición de la fortificación, ya que ésta presenta unas defensas más férreas en la zona alta ocupada por las élites (Serrano, 2012: p. 57).
Recientes excavaciones en varios asentamientos de montaña (especialmente Castellón Alto, Fuente Álamo, Gatas y La Bastida) confirman que solo Peñalosa tiene evidencia de fundición primaria. En la mayoría de éstos asentamientos de montaña, las evidencias del trabajo del metal son en su mayoría crisoles y moldes de fundición. Los primeros son pequeños recipientes de paredes gruesas, mientras que los más grandes y más profundos solamente se conocen a partir Peñalosa. La presencia de un tipo diferente del molde de fundición en alguno de éstos asentamientos de colina indica que los objetos en forma de barra también se hicieron en estos lugares, aunque en una cantidad considerablemente menor que en Peñalosa (Lull et al., 2010a: p. 333).
Los análisis de herramientas de tierra y piedra pulida en algunos de los asentamientos argáricos están, sin duda, asociados al conocimiento de la forja, y a los procesos de pulido y afilado (Delgado y Risch, 2008; citado en Lull et al., 2010a: p. 335). De ellos se deduce, igualmente, que la metalurgia argárica y la de la Edad del Cobre se diferencian por una mejor y más desarrollada de forja del metal, que requiere una mayor cantidad de herramientas adecuadas. Estas huellas de forja y afilado, así como barras o chatarra de metal, se han encontrado en algunos asentamientos y tumbas específicas; a parte de los sitios de fundición, forja especializada y talleres de pulido que parecen haber existido, podemos establecer en Fuente Álamo, una asociación espacial específica entre las tumbas y los lugares de trabajo (Risch, 2002; citado en Lull et al., 2010a: p. 335). Según Lull et al. (2010b: p. 25), ésta diferenciación espacial dentro de y entre los asentamientos, sugiere la existencia de una división de los procesos de producción en cuatro niveles geográficos o cuatro tipos de asentamientos:
– Nivel 1: Dentro de este primer nivel encontramos los asentamientos capaces de llevar a cabo todo el proceso de trabajo del metal, como ocurre en el poblado de Peñalosa aunque su objetivo fuese principalmente el producir diferentes tipos de barras y abastecer a una red de circulación metálica interregional. Casi toda la comunidad que vivía en Peñalosa podría haber participado en esta producción. Este grupo de asentamientos colina, en el sur de Sierra Morena no pertenecían ni a los más grandes, ni tampoco, como demuestran las tumbas, a los hábitats más ricos dentro de la sociedad Argárica.
– Nivel 2: En éste segundo nivel encontramos los asentamientos que trabajaban el metal en productos acabados o en la fundición del metal para su reutilización. Estos procesos son más elaborados, estando notablemente documentados en los asentamientos de montaña como El Argar, Lorca o La Bastida; debido a su tamaño y hallazgos, pueden ser vistos como regiones económicas y centros políticos. El trabajo de los metales aquí no representa una actividad socialmente generalizada, pero ocurrió en talleres específicos, posiblemente llevada a cabo por unos pocos especialistas.
– Nivel 3: Serán los asentamientos de rango secundario los que formen este tercer nivel, en el que los lingotes se transformaran en productos acabados, mientras que la fundición jugaría un papel secundario. Algunas tumbas masculinas encontradas en este tipo de asentamientos, con martillos, yunques, rectificado y afilado de herramientas, etc. indican que esta actividad también la llevaban a cabo los especialistas y formaban parte de un control político.
– Nivel 4: Los asentamientos que forman parte de este nivel están excluidos de la producción metalúrgica, se trata de una serie de asentamientos de montaña y las aldeas más pequeñas en las tierras bajas. El caso más llamativo, dentro de éste nivel, lo encontramos en el yacimiento de Los Cipreses, asentamiento en llano posiblemente dependiente de Lorca, que presenta las últimas labores de producción metalúrgica. Esta “tumba de metalúrgico” de Los Cipreses sería un gran ejemplo de esta gran heterogeneidad en cuanto a la producción metalúrgica en el mundo Argárico, aunque sin una documentación en la excavación de que ésta persona realizase su trabajo activamente allí, pone en evidencia que las tumbas ricas como ésta hacen referencia a las relaciones políticas ligadas a la propia posición social de cada individuo más que la residencia de la persona enterrada (Lull et al., 2010a: p. 336).
En cualquier caso, estos niveles no abarcan a todos los yacimientos argáricos, ya que hubo un significativo número de hábitats, cuya demanda de objetos procedentes de la metalurgia que se abastecería, o bien por los asentamientos centrales o desde los asentamientos de montaña de tercer nivel (Lull et al., 2010a: p. 336).
De los 21 yacimientos que podemos observar en la (Fig. 5), varios de ellos como Terrera del Reloj, Cobatillas, San Antón de Orihuela y Laderas del Castillo de Callosa del Segura, presentan una gran problemática para poder identificar algún atisbo de producción metalúrgica (Lull et al. (2010b: p. 24)

mapa-yacimientos

Fig. 5: Asentamientos argáricos con evidencias metalúrgicas. 1: El Argar, 2: Fuente Vermeja, 3: Lugarico Viejo, 4. El Oficio, 5. Fuente Álamo, 6. Gatas, 7. Cerro de la Encina, 8. Cuesta del Negro, 9. Terrera del Reloj, 10. Peñalosa, 11. Cerro de la Virgen, 12. El Picacho, 13. Lorca, 14. Los Cipreses, 15. Ifre, 16. La Bastida, 17. Bagil, 18. Cobatillas la Vieja, 19. San Antón, 20. Laderas del Castillo, 21. El Tabayá. Los símbolos sin relleno corresponden a sitios de designación funcional incierta. Los grandes símbolos marcan especialmente los hallazgos numerosos. (Fuente: Lull et al., 2010b: 24).

En el caso de la Región de Murcia, donde existe mayor conocimiento de la situación de los asentamientos argáricos, podemos observar importantes zonas con yacimientos metalúrgicos (Fig. 6), sobre todo de cobre, estaño y plomo argentífero, situados mayoritariamente en la zona de Alhama de Murcia y las minas de Cartagena.

mapa-yacimientos-murcia

Fig. 6: Principales asentamientos en la Región de Murcia, fortificados o encastillados y principales yacimientos de estaño (circulo), cobre (cuadrado) y plomo argentífero (triangulo). (Fuente: Serrano, 2012: 62)

Esta desigualdad en los yacimientos con alguna muestra de actividad metalúrgica, afianza esa heterogeneidad de la que hacíamos referencia anteriormente, a la hora del control de los procesos productivos, sin un patrón establecido como es el caso de Peñalosa en el que sí que aparecen todos estos procesos (Serrano, 2012: p. 62).

4.3. LA CIRCULACIÓN Y DISTRIBUCIÓN DE MÉTALES ARGÁRICOS. CAUSA O CONSECUENCIA DE LA ESTRATIFICACIÓN SOCIAL.

La organización espacial y económica argárica se rige por grandes diferencias entre aldeas situadas en las tierras bajas, las cuales carecían en muchas ocasiones de recursos, y los asentamientos situados en cerro o en altura, siendo estos los que concentraban y gestionaban los recursos básicos a escala regional; en el caso de la metalurgia, se haría traspasando esta barrera y consiguiendo controlar y abarcar unos espacios mucho más lejanos. Debido a esto último, es posible que se estableciese algún tipo de logística para el transporte de estos recursos (Lull et al., 2010b: p. 29).
Dentro de las fronteras argáricas, las comunidades se organizarían mediante unidades políticas semiautónomas, vinculadas entre sí por redes destinadas a la distribución de los metales y asociados a una ideología conjunta que podemos apreciar en el ritual funerario. En el interior de estas unidades territoriales se desarrollaría un sistema económico centrado en la división del trabajo y en una producción agrícola y artesanal de grandes dimensiones. Para el mundo Argárico, las mejoras tecnológicas para el aumento de la producción estaban en un segundo plano respecto al rendimiento bruto de las actividades productivas, cuyos excedentes se encontraban bajo el control de las clases dominantes, centralizando su uso, consumo y posible distribución. La cantidad de medios de producción, indican que el metal no era utilizado para uso doméstico, sino que fue fabricado principalmente como materia prima para abastecer a un área más grande, aunque actualmente con la documentación existente se desconocen tanto la dirección, como la cantidad del material distribuido (Lull et al., 2010b: p. 25).
Los resultados de las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en Peñalosa, pueden llevar a la conclusión de que, este poblado fue organizado y pensado desde su origen, tanto el enclave como su urbanismo. Con la aparición de cerámicas metalúrgicas en otros asentamientos de la cuenca del Rumblar (Contreras y Moreno, e.p.; citado en Moreno y Contreras, 2010: p. 56), y tras las excavaciones realizadas en el Castillo de Burgalimar, se demuestra, que la colonización de este valle en el Bronce Pleno se realizó para la explotación de los minerales de cobre. Según los estudios de territorialidad realizados hasta el momento (Contreras, 2000; Contreras y Cámara, 2002), es probable que los culpables de tal colonización hayan sido los grandes centros políticos situados en la Loma de Úbeda, los culpables de tal colonización. Las élites de uno de estos yacimientos, el Cerro del Alcázar de Baeza (Zafra de la Torre y Pérez Bareas, 1992; Zafra de la Torre, 2006; citados en Moreno y Contreras, 2010: p. 56), donde han aparecido sepulturas con ricos ajuares, serían posiblemente las que controlarían la distribución del metal a través de los lingotes producidos en la cuenca del Rumblar (Moreno et al., 2010; citado en Moreno y Contreras, 2010: p. 56). La aparición de éstos lingotes hace pensar en un cierto grado de especialización y el establecimiento de relaciones comerciales a distancia (Moreno y Contreras, 2010: p. 56). Aunque no solo circularían estos lingotes, también existiría, una circulación de objetos acabados, resultado de una producción metalúrgica masiva. En estos centros metalúrgicos del Rumblar no sólo se producirían lingotes, sino también elementos realizados en molde, como hachas y puntas de lanza. La gran cantidad de moldes de arenisca que encontramos en Peñalosa confirman esta hipótesis, aunque según muestran los trabajos experimentales realizados a partir de estos moldes, algunas de las piezas resultantes necesitarían un trabajo posterior para eliminar las rebabas y acabar el instrumento (Moreno y Contreras, 2010: p. 71).
La importancia del yacimiento de Peñalosa, es algo inequívoco como ya hemos podido observar con los datos anteriores, aunque otros autores afirman que ésta zona, no es la única con capacidad de suministrar a diferentes zonas argáricas, ya que en Cartagena/Mazarrón y en la Cuenca de Vera también se está extrayendo mineral que llega a alcanzar los yacimientos de Gatas en el primer caso y los yacimientos de El Argar y Fuente Álamo para el segundo (Montero y Murillo, 2010: p. 48). Analizando las evidencias disponibles a raíz de estos estudios, se puede sacar la conclusión de que la producción metalúrgica y su distribución estaban organizadas a gran escala por todo el territorio, y la gran movilidad de recursos metálicos reflejaría una interacción entre los diferentes asentamientos argáricos a nivel supraterritorial, al llegar metal de diferentes puntos a un mismo asentamiento (Montero y Murillo, 2010: p. 48).
Esta gran movilidad de recursos metalúrgicos procedentes de distintos enclaves encontrados en un mismo asentamiento, aun siendo pocos los objetos estudiados, podemos identificarla con los datos disponibles hasta la fecha. Los trabajos de Stos-Gale et al., (1999) identificaron un punzón del yacimiento de Gatas, cuya procedencia podría establecerse en las minas murcianas de Mazarrón o Cartagena. Otro objeto estudiado y que se le puede asignar procedencia, es un puñal de remaches de Fuente Álamo, ligado al metal procedente de Peñalosa. Así mismo, el metal de la espada de 5 remaches del yacimiento de El Argar se relaciona con el mineral procesado en Almizaraque (Montero y Murillo, 2010: p. 45-46). Otras dos piezas, con probabilidades de que ambas tengan un origen común, son un hacha plana de Fuente Álamo y un puñal de 3 remaches de La Bastida. El ejemplar de Fuente Álamo podría encajar con los datos de Almizaraque pero aún está por confirmar, y el de La Bastida, cuya localización es más lejana, estaría relacionado con el resto de fundición calcolítica, de Terrera Ventura (Montero y Murillo, 2010: p. 46). Dentro del resto de objetos argáricos, destaca un grupo que podría relacionarse con la cuenca minera del área de Linares aún no identificadas en Peñalosa o con algunas del Valle de la Alcudia (Ciudad Real) (Montero y Murillo, 2010: p. 46). Otro grupo más numeroso carecería de un origen ya identificado, y tampoco podría explicarse por la mezcla entre minerales de la región fue vinculado con posibles minerales del suroeste por Stos-Gale (2001). Finalmente encontramos dos piezas aisladas de estos grupos anteriores y sin referencia geológica. La primera, un brazalete de Murviedro (Lorca), la segunda un puñal de 2 remaches de Fuente Álamo. Este último fue relacionado por Stos-Gale (2001) con las minas de Sa Duchessa, en Cerdeña. Sin embargo, por su composición se le ha relacionado también con las minas del Valle de la Alcudia, aunque sin ser una vinculación fiable (Montero y Murillo, 2010: p. 46-47).
Con los datos en la mano, todo parece apuntar a que sí que existió una gran movilidad metalúrgica con grandes patrones de intercambio en objetos acabados, sobre todo los destinados a formar parte de los ajuares funerarios, y al parecer sin prioridad por zonas geográficas específicas, es decir, que estos intercambios no formaban parte de circuitos cerrados (Montero y Murillo, 2010: p. 49).
Una de las premisas que aún quedan por discernir son, las dimensiones territoriales del control político, tanto si la red social por la que circulan los metales pudiera estar controlada por algunos asentamientos en cerro (Lull et al., 2009: p. 236) integrados dentro de un “estado” Argárico de grandes dimensiones, como si en general la sociedad Argárica pudiera haber estado dividida en pequeños estados más pequeños, cuyas elites estarían interconectadas, mediante unos mismos rasgos ideológicos. Según esta última teoría, la zona del Alto Guadalquivir formaría un mini estado unitario, geográfica y culturalmente, dirigido por unas élites que controlarían económica y políticamente este territorio (Moreno y Contreras, 2010: p. 71).
Otro de los aspectos en los que se denotan diferencias sociales, económicas y políticas y que se harán palpables por los sistemas de equivalencias de peso y valor, será el de la circulación y producción de la plata, material que tuvo una gran difusión y aceptación en los diferentes territorios argáricos, circunstancia que aprovecharían las clases dominantes para conseguir excesos productivos. En contraposición, si la plata solamente tenía una función ornamental para las elites, su frecuencia distributiva estaría marcada por los costes de producción y transporte a los diferentes territorios que demandasen dichos productos. En este caso, la presencia de plata, como un medio para demostrar la posición social de cada uno, dependerá del poder económico de cada uno de los centros políticos y su clase dominante. Los grupos y regiones más ricas y más poderosas tendrían grandes cantidades de plata acumuladas, en perjuicio de los grupos más pobres. Por desgracia, esta es una problemática arqueológica a la que aún no se ha conseguido dar solución, debido a la dificultad de comparar cantidades absolutas en la distribución argentífera, y a los desiguales proyectos de investigación acaecidos en unas zonas con respecto a otras (Lull et al., 2014: p. 570- 571).

4.4. EL USO DE LAS ARMAS Y ADORNOS EN LA SOCIEDAD ARGÁRICA, SIMBOLOGÍA Y MEDIO COERCITIVO.

En las sociedades Argáricas, el acceso a los productos metálicos no era generalizado, incluso en centros metalúrgicos de primer nivel, como Peñalosa, existen grandes diferencias entre los ajuares funerarios con algunas tumbas sin ningún elemento metálico. En la mayoría de ajuares masculinos, salvo alguna excepción, encontramos solamente un puñal que debió ser un símbolo de la posición social del individuo. Solamente una minoría dominante sería la que tendría la capacidad económica y social para acceder a los adornos de oro y plata, acompañados también en el caso de los ajuares masculinos, de puñales de mayor tamaño o de espadas. En el contexto social de Peñalosa, en el que se ha distinguido entre élites aristocráticas, campesinos-guerreros y siervos (Contreras et al., 2010: p. 54), el metal se convirtió en un símbolo de status, ya sea porque las armas fuesen el atributo esencial de pertenencia a una comunidad o por el hecho de que solamente determinadas personas accederían a algunos elementos metálicos. No obstante, también se reconoce que el metal fue utilizado para realizar instrumentos destinados a las actividades de producción, documentándose punzones, agujas de hueso, pesas de telar y otros elementos cortantes destinados al despiece de animales, junto a estos elementos metálicos. Además, las armas no solo tendrían un significado simbólico, sino también como medios productivos, ya que podrían haberse utilizado en las actividades de guerra y rapiña (Contreras et al., 2010: p. 52).
La presencia de remaches de plata en algunas dagas, alabardas o incluso en dos espadas argáricas (Fig. 7), encontradas en diferentes asentamientos de la región de Linares y El Horcajo, podrían indicar un control simbólico de la clase dominante argárica en estas zonas de explotación minera (Lull et al., 2014: p. 566).

espada

Esta hipótesis se puede corroborar también con estudios experimentales que muestran que, las armas argáricas de metal eran poco efectivas al usarlas en una posible lucha, sobre todo las espadas que se fracturarían fácilmente. (Carrión et al., 2002; citado en Montero y Murillo, 2010: p. 43). Estas armas serían seleccionadas para las tumbas de un número limitado de hombres que ocuparían un lugar importante en la estructura social de las comunidades Argáricas, y relacionadas también con la ideología de género y poder Argárico, sirviendo como símbolos de masculinidad de rango superior al resto. Dentro del rito funerario, las armas podrían haberse utilizado como atributos individuales para establecer diferencias entre unos hombres y el resto del grupo al que pertenecían. De igual manera, la exhibición de armas en eventos sociales como banquetes, prácticas comensales o los ya citados rituales funerarios, habría podido servir como advertencias o mecanismo de intimidación que contribuirían al refuerzo del poder político, una especie de recordatorio de que las clases dominantes podían usar la violencia en caso de ser necesario. (Aranda et al., 2009: p. 1049). Aunque los líderes sociales argáricos no estuvieran al mando de un conjunto de guerreros en un contexto de guerra, en determinadas circunstancias sí que podrían movilizar a la población para el uso de la violencia.

Fig. 7: Espada encontrada en el yacimiento de Peñalosa (Baños de la Encina, Jaén). (Fuente: Moreno y Contreras, 2010: 66)
Fig.

El problema para poder afirmar estos datos, es la falta de información accesible desde el registro arqueológico, que permita hacer un análisis más férreo y visualizar las diferentes formas de violencia adoptadas por las clases dominantes argáricas, y como afirman Aranda et al., (2009: p. 1049), aun habiendo un amplio espacio para el debate, su investigación ha demostrado, que la violencia existió, aunque no de la manera que tradicionalmente se imaginaba.
Otra tipología de objetos metálicos a tener en cuenta, como símbolos de pertenencia a la comunidad, son los puñales, que son utilizados para mantener un nivel social y también como medio productivo para poder realizar actividades como la guerra y la rapiña, debieron pertenecer a una especie de séquito de las elites gobernantes, garantizando su propia riqueza. En cualquier caso, no todos los puñales son iguales, como se ha demostrado en Peñalosa y La Cuesta del Negro (Purullena, Granada). Se establecen unas claras diferencias, en relación con la posición social de los individuos, que se pueden ver en la composición general del arma, como por ejemplo la disposición de los remaches, independientemente de la edad de dichos individuos, ya que se imita también en los pequeños puñales que acompañan a los ajuares funerarios de los niños de las élites dominantes (Cámara, 2001; Contreras y Cámara, 2002; citados en Cámara y Molina, 2010: p. 25). Esto ha quedado demostrado al analizar morfometricamente estos puñales/espadas en Peñalosa y la Cuesta del Negro (Cámara, 2001; citado en Cámara y Molina, 2009: p. 184). Respecto a los puñales pertenecientes a las clases dominadas, podemos pensar que reservarían sus mejores útiles, y utilizarían objetos ya usados y desgastados en actividades de guerra y rapiña, teniendo en cuenta la posibilidad de que el uso de ellas, en servicio de las elites, fuese lo que añadiera un significado simbólico al objeto (Cámara y Molina, 2011: p. 86)
Los ajuares encontrados en Fuente Álamo (Fig. 8), constituyen un gran ejemplo para la diferenciación social de los ajuares propios de los hombres y de las mujeres de la clase dominante argárica en sus etapas más recientes.

fuente-alamo

En cuanto a brazaletes, anillos o pendientes de oro y plata, éstos aparecen habitualmente en las tumbas. Los adornos de plata son un rasgo argárico distintivo, asociado a individuos de clases altas. Todos estos ajuares permiten establecer una relación directa entre los útiles metálicos, sobre todo plata y oro, y las clases altas de una sociedad claramente jerarquizada como la argárica (Lull et al., 2009: p. 230). Estos adornos, serían otro aspecto a tener en cuenta para determinar la identidad social de los linajes, ya que se ha podido documentar un importante volumen de producción. En época Argárica, los adornos supondrán más de un 50% de los objetos acabados, multiplicando por 30 o más la misma tipología de objetos de etapas anteriores (Montero Ruiz, 1994; citado en Aranda, 2011: p. 259).

Fig. 8: Ajuar de la cista nº 9 de Fuente Álamo, perteneciente a una mujer y a un hombre inhumados entre 1750-1550 a.C. (Fuente: Siret y Siret 1890: lám. 68; en Lull et al. 2009: 229)

Este gran aumento, aparte de demostrar los grandes conocimientos técnicos, muestra una necesidad de la sociedad Argárica en diferenciar aspectos de identidad de género, edad, o condición social. Ésta asociación de adornos con individuos específicos, refleja las diferentes identidades sociales que definirían tanto a mujeres y hombres, como a niños argáricos (Sánchez Romero, 2008: p. 34-35).
En cuanto a los análisis de los punzones/agujas/alfileres de las tumbas del asentamiento de La Cuesta del Negro, teniendo en cuenta su longitud y su sección máxima, muestra que las diferencias entre los objetos tienen relación con la jerarquización social (Cámara y Molina, 2009: p. 184). Aun pudiéndose considerar un elemento de identificación sexual, teniendo en cuenta que los alfileres encontrados en tumbas masculinas, se reaprovecharon y fragmentaron (Torre, 1974; citado en Cámara y Molina, 2009: p. 184), no quiere decir que existan diferentes niveles sociales que traspasen las barreras de la identidad sexual, cosa que ya podíamos apreciar por las diferencias entre los adornos de metales preciosos de las tumbas femeninas (Lull, 1983: p. 456-457). Teniendo en cuenta las barreras cronológicas y en función de la evolución sufrida en la tipología de enterramientos y ajuares durante el mundo Argárico, según las sepulturas estudiadas durante los dos siglos iniciales (2200-1950 a.C.), se puede argumentar que la pirámide de la jerarquización social estaría encabezada por hombres con alabardas, vasos y, a finales de este período, también se incluirían las espadas cortas; a éstos hombres les acompañarían mujeres con puñales o cuchillos y punzones asociados, además de otros útiles cerámicos y metálicos de menor tamaño. La siguiente escala en la pirámide estaría formada por individuos enterrados con algún útil metálico, vasos o adornos, o bien sin nada de ello. Ésta tipología de enterramientos se encuentra tanto en asentamientos en cerro o altura (Fuente Álamo), como en llanura (Herrerías), lo que indicaría una distribución descentralizada del poder (Lull et al., 2009: p. 229-232).
A partir del 1950 a.C., se ampliarían las tipologías funerarias, con el acceso de los individuos infantiles a los enterramientos, y quizá también a otros colectivos; se trata de una etapa de transición que culminaría hacia el 1750 a.C. A partir de esta fecha, y hasta el final del mundo Argárico, se impondrá un nuevo modelo en el que la clase dominante quedaría adscrita a estas prácticas funerarias mediante útiles como espadas largas a hombres sustituyendo a las alabardas de época anterior, y de diademas a mujeres aunque sin abandono del punzón. Por debajo, en la escala piramidal, está la clase social formada por individuos cuyo acompañamiento funerario incluye elementos como el hacha o punzón y puñal/cuchillo, también elementos de adorno, excepto diademas y útiles de oro. En un tercer escalón nos encontramos ante un sector formado por individuos acompañados por únicamente algún adorno metálico, como el collar. El último grupo social en esta escala, lo formaría un colectivo sin ningún tipo de ajuar funerario (Lull et al., 2009: p. 229-232).
Otra de las problemáticas que se establecen hace referencia al uso de prácticas de reciclaje de los metales. Una de las posibles hipótesis que se barajan es que los objetos metálicos, como armas y adornos, encontrados en los ajuares funerarios, estuviesen asociados a usos exclusivamente simbólicos. Los metales encontrados en los ajuares funerarios Argáricos ya manufacturados, participarían del simbolismo y la identidad social de su propietario (Lull et al., 2005; citado en Montero y Murillo, 2010: p. 43) aunque, aun siendo elementos de estatus dentro de la sociedad, pudieron tener también funciones instrumentales (Montero y Murillo, 2010: p. 43).
En cuanto a la posición de la mujer en las sociedades Argáricas, dependiendo de su clase social, es equitativa sólo, en relación con las otras mujeres, pero no respecto a los hombres. El hecho de no tener acceso a algunos elementos, como las armas, solo documentadas en escasas ocasiones, demuestra un rango inferior de la mujer en general respecto a los hombres (Castro et al., 1998, ídem 2001; citados en Cámara y Molina, 2010: p. 27).
En definitiva, la sociedad Argárica alcanzó un desarrollo económico superior al resto de la península Ibérica y ejerció una influencia directa sobre sus vecinos, ya fuese como amenaza de la cual defenderse o como modelo para emular por parte del resto. Esto se puede apreciar en la concentración de espadas asociadas al área nuclear del yacimiento de El Argar, y por otro lado las encontradas en sus confines occidentales y septentrionales, indicador del doble uso de las armas como medio de coacción interna y para la expansión o exclusión respecto al exterior. También cabe preguntarse por el significado de las espadas de tipología Argárica en el resto de la Península Ibérica, cuya vinculación morfológica con el Sureste peninsular las convierten en símbolos del poder Argárico más allá de sus fronteras (Lull et al., 2010b: p. 26).

5. CONCLUSIONES

Teniendo en cuenta la premisa de que la metalurgia tuvo un papel importante en el desarrollo de las sociedades de la Prehistoria Reciente en general debido a su complejidad técnica que necesitaría de un desarrollo productivo y de una especialización del trabajo, la formación de las sociedades Argáricas en el Sureste peninsular tendría un amplio significado metalúrgico a la hora de establecerse en asentamientos cercanos a posibles zonas de explotación mineral, asumiendo por supuesto que esta actividad no fue la única que influyó en el desarrollo de las comunidades Argáricas. Sus antecedentes en la llamada cultura de “Los Millares”, cronológicamente asociada a la Edad del Cobre, y localizada en las cercanías de uno de los depósitos de mineral más ricos de Europa, refuerzan dicho significado.
El metal más relevante entre las sociedades Argáricas será la plata, aunque el cobre fue el más utilizado, trabajado con aleaciones de arsénico y de estaño en sus etapas finales; incluso en contadas ocasiones también el oro tuvo cierta presencia entre determinado segmento social. La gran cantidad de objetos de plata (> de 700), encontrados en los distintos yacimientos estudiados, en su mayoría en forma de adornos, hacen pensar que, tanto la producción (en barras o láminas de menor tamaño) asociada a una gran especialización técnica, como su distribución y circulación por el amplio territorio que abarcaba el mundo Argárico, estaban controladas por unas élites dominantes de zonas específicas. Esto puede afirmarse porque la mayoría de la plata Argárica proviene de los depósitos de plata nativa de la zona de Linares o El Horcajo (Jaén). Además, ya sea debido a su valor económico, o a su significado simbólico, no toda la población Argárica tenía acceso a este material, circunstancia que se ve reflejada en los diferentes ajuares de las tumbas Argáricas; es aquí donde verdaderamente, se hace patente esta diferenciación social. Esto también ocurre con el resto de materiales; y es que se evidencia la gran relevancia que llegó a tener la metalurgia en las comunidades Argáricas, aun existiendo un importante debate sobre el grado o nivel de importancia de los metales, reflejado a la hora de examinar la documentación sobre la capacidad de reutilización de los metales en estas sociedades, perspectiva de estudio de gran actualidad entre los equipos de arqueometalúrgicos especializados en el tema de la movilidad comercial de los minerales y/o metales en la Prehistoria Reciente.

Dentro de los yacimientos Argáricos más importantes respecto a la documentación metalúrgica, destaca sin atisbo de dudas el yacimiento del poblado de Peñalosa de Baños de la Encina (Jaén), en el que se ha podido documentar la secuencia operativa completa de la producción metalúrgica Argárica. Los datos proporcionados por este yacimiento evidencian las grandes diferencias sociales entre los individuos, tanto en los ajuares funerarios y en la producción de lingotes destinados a su distribución por el resto del territorio Argárico, y cuya actividad estaría también jerarquizada, como en la disposición del poblado ya que este presenta unas defensas más férreas en sus zonas altas, que serían las que ocupasen las élites dominantes. Otros yacimientos importantes, con indicios de actividad metalúrgica son Castellón Alto, Fuente Álamo, Gatas y La Bastida, aparte de otros de menor tamaño en los que también se han encontrado trazas de una actividad metalúrgica especializada; otra prueba más de que esta actividad formaba parte de un control político.
Por otra parte cabe así mismo concluir que en los grupos Argáricos existió una relativamente amplia circulación y distribución de productos metálicos, tanto productos acabados, como en forma de barras y lingotes, o láminas de menor tamaño y grosor. Esta circunstancia queda comprobada por los resultados de los análisis de procedencia de los isótopos del plomo contenido en las mineralizaciones de cobre, realizados sobre diferentes objetos hallados en algunos yacimientos de los mencionados a lo largo del trabajo. Estos estudios, analizan la composición mineral de cada uno de los objetos, asociando a que cuenca minera pertenecía dicha composición para averiguar su posible procedencia. Los resultados, a pesar de ser una minoría de objetos los estudiados, han arrojado la posibilidad de que existiesen varias zonas de extracción, producción y distribución metalúrgica, aunque la más importante hasta ahora encontrada es la cuenca minera del valle del Rumblar, o al menos la que más evidencias ha deparado gracias al poblado minero-metalúrgico de Peñalosa.
En relación con la relación metalurgia-metal-jerarquización social, la diferenciación entre ajuares masculinos y femeninos e incluso de individuos infantiles la hace patente al analizar los diferentes objetos encontrados en tales contextos con un marcado carácter simbólico, ideológico y de especialización económica. Estos evidencian la existencia de jerarquías sociales, con individuos de diferentes clases, donde las clases dominantes tendrían la capacidad económica e ideológica de acceder a los adornos de oro y plata, en el caso de ajuares femeninos en su mayoría, y en el caso de los masculinos, a puñales de mayor tamaño y espadas, enmangados con remaches de plata en algunas ocasiones.
En este contexto, se concluye igualmente que tanto las armas, como los adornos destinados a los ajuares funerarios, alcanzaran un significado simbólico y de status social, tanto de pertenencia a una comunidad como por el hecho de que solamente una parte de la población pudiese acceder a estos objetos, aunque esto no quiere decir que estos objetos no fuesen utilizados en el ámbito productivo, o en el de guerra y rapiña, antes de la muerte de los individuos. Estas armas también podrían haber tenido un significado como atributo individual, en pos de establecer diferencias entre unos individuos y otros, al igual que también se plantea la posibilidad de que tengan un significado coercitivo, como mecanismo de intimidación para recordar a la comunidad que podían usar la violencia si era necesario y así reforzar su poder político. En el caso de los adornos, su incremento productivo, podría estar asociado a la necesidad de las comunidades Argáricas de diferenciarse en cuestiones de género, edad o condición social. De esta forma se ha podido aclarar el papel de la mujer en las sociedades Argáricas, las cuales tendrían una clara relación de dependencia, respecto al hombre, aunque mucho más igualitaria de unas mujeres a otras, independientemente de su status social.
En definitiva, la sociedad Argárica parece que alcanzó un desarrollo tecnológico y económico destacado en el contexto de las comunidades del Bronce de la Península Ibérica, llegando a influir directamente sobre las comunidades de sus periferias inmediatas, ya sea por la amenaza de una sociedad con una actividad metalúrgica superior, con capacidad de fabricar armas y objetos destinados a la guerra y los actos de rapiña, o también como estímulo o modelo a imitar por parte de éstos.

6. BIBLIOGRAFÍA

– Almagro Basch, M. (1961): “La secuencia cultural de la península Ibérica del neolítico al Bronce Final”, Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, 27, pp. 45–59.
– Almagro Gorbea, M. J. (1973): El poblado y la necrópolis de El Barranquete (Almería), Acta Arqueológica Hispánica VI, Ministerio de Educación y Ciencia, Madrid. Aranda Jiménez, G., Montón Subías, S., Jiménez Brobeil, S. (2009). Conflicting evidence? Weapons and skeletons in the Bronze Age of south-east Iberia. Antiquity, 83(322), 1038-1051.

– Aranda Jiménez, G. (2011). Nuevos actores para viejos escenarios: La sociedad argárica. La tutela del patrimonio prehistórico (pp. 249-270). Consejería de Cultura.
Blance, B. (1964): “The Argaric Bronze Age in Iberia”, Revista de Guimarães, 74, pp. 129–142.
– Bosch Gimpera, P. (1954): “La Edad del Bronce en la Península Ibérica”, Archivo Español de Arqueología, XXVII, pp. 45–92.

– Cámara Serrano, J. A. y Molina González, F. (2009). El análisis de la ideología de emulación: el caso de El Argar. Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, 19, 163-194.
– Cámara Serrano, J. A. y Molina González, F., (2010). Relaciones de clase e identidad en el Argar. Evolución social y segregación espacial en los Altiplanos granadinos (c. 2000-1300 cal. A.C. En Mozota, F. B. (2010). Arqueología de la población: comunicaciones presentadas al VI Coloquio Internacional de Arqueología Espacial a celebrar en Teruel del 13 al 14 de diciembre de 2010.

– Cámara Serrano, J. A., y Molina González, F. R. (2011). Jerarquización social en el mundo Argárico (2000-1300 a.C.). Quaderns de prehistòria i arqueologia de Castelló, (29), 77-104.
– Castro, P., Gili, S., Lull, V., Mico, R., Rihuete, C., Risch, R. y Sanahuja, E. (1999): “El yacimiento de Gatas (Turre) y la investigación de la sociedad argárica”, Axarquía, 4, pp. 6–39.
– Castro, P. V., Chapman, R., Gili, S., Lull, V., Mico, R., Rihuete, C., Risch, R. y Sanahuja, M. E. (2001): “La sociedad argárica”, La Edad del Bronce, ¿Primera Edad de Oro de España? (Ruiz–Gálvez, M. ed.), Crítica, Barcelona, pp. 181–216.
– Chapman, R. (1982): “Autonomy, ranking and resources in Iberian Prehistory”, Ranking, resources and exchange. Aspects of the Archaeology of Early European Society (Renfrew, C. y Shennan, S. eds.), Cambridge University Press, Cambridge, pp. 46–51.
– Contreras, F. y Cámara, J. A. (2002): La jerarquización en la Edad del Bronce del Alto Guadalquivir (España). El poblado de Peñalosa (Baños de la Encina, Jaén), BAR International Series 1025, Archaeopress, Oxford.

– Contreras Cortes, F., Moreno Onorato, A., Cámara Serrano, J. A. (2010). Los inicios de la minería. La explotación del mineral de cobre. La minería y la metalurgia en el Alto Guadalquivir: desde sus orígenes hasta nuestros días. Instituto de Estudios Giennenses. Jaén, 43-122.
– Hernández Pérez, M., Soler Díaz, J. A. y López Padilla, J. A. (eds.) (2009): En los confines del Argar. Una cultura de la Edad del Bronce en Alicante, MARQ Museo Arqueológico de Alicante, Alicante
– Hunt Ortiz, M., Contreras Cortés, F., & Arboledas Martínez, L. (2011). La procedencia de los recursos minerales metálicos en el poblado de la Edad de Bronce de Peñalosa (Baños de la Encina, Jaén). Resultados de análisis de isótopos de plomo. Actas del V Congreso Internacional sobre Minería y Metalurgia Históricas en el Suroeste Europeo (León 2008) (pp. 197-208).

– Lull, V. (1983). La” Cultura” de El Argar: un modelo para el estudio de las formaciones económico-sociales prehistóricas. Akal.
– Lull, V. y Estévez, J. (1986): “Propuesta metodológica para el estudio de las necrópolis argáricas”, Homenaje a Luis Siret (1934–1984), Junta de Andalucía, Sevilla, pp. 441–452. – Lull, V., Micó, R., Rihuete-Herrada, C., & Risch, R. (2009). El Argar: la formación de una sociedad de clases. En los confines del Argar: una cultura de la Edad del Bronce en Alicante en el centenario de Julio Furgús: [exposición] (pp. 224-245). Museo Arqueológico de Alicante-MARQ.

– Lull, V., Micó, R., Rihuete-Herrada, C., & Risch, R. (2010a). Metal and Social Relations of Production in the 3rd and 2nd Millennia BCE in the Southeast of the Iberian Peninsula. Trabajos de prehistoria, 67(2), 323-347.

– Lull, V., Micó, R., Rihuete-Herrada, C., y Risch, R. (2010b). Las relaciones políticas y económicas de El Argar. Menga: Revista de prehistoria de Andalucía, (1), 11-36.

– Lull, V., Micó, R., Rihuete-Herrada, C., & Risch, R. (2014). The social value of silver in El Argar. Metalle der Macht—Frühes Gold und Silber. Metals of power—Early gold and silver, 6.
– Martínez Santa–Olalla, J., Sáez, B., Posac Mon, C., Sopranis, J. A. y Val Del, E. (1947): Excavaciones en la ciudad del Bronce mediterráneo II de la Bastida de Totana (Murcia). Excavaciones Arqueológicas. Informes y Memorias 16, Ministerio de Educación, Madrid.
– Mathers, C. (1984): “Linnear regression”, inflation and prestige competition: 2nd millenium transformations in southeast Spain”, The Deya Conference of Prehistory. Early settlement in the West Mediterranean Islands and the Peripheral Areas (Waldren, W., Chapman, R., Lewthwaite, J. y Kennard, R. C. eds.), BAR. International Series 229, Archaeopress, Oxford, pp. 1167–1196.
– Molina, F. (1983): “La Prehistoria”, Historia de Granada 1. De las primeras culturas al islam (Molina, F. y Roldan, J. M. eds.), Quijote, Granada.
– Molina, F. y Cámara, J. A. (2009): “La cultura argárica en Granada y Jaén” En los confines del Argar. Una cultura de la Edad del Bronce en Alicante (Hernández Pérez, M., Soler Díaz, J. A. y López Padilla, J. A. eds.), MARQ Museo Arqueológico de Alicante, Alicante, pp. 196–223
– Montero Ruiz, I. (1994): El origen de la metalurgia en el Sureste de la Península Ibérica, Instituto de Estudios Almerienses, Almería.
– Montero Ruiz, I. (1999): “Sureste”, Las Primeras Etapas Metalúrgicas en la Península Ibérica II. Estudios Regionales (Delibes, G. y Montero, I. eds.), Fundación Ortega y Gasset–Ministerio de Educación y Cultura, Madrid, pp. 333–357.
– Montero Ruiz, I., Murillo Barroso, M. (2010): “La producción metalúrgica en las sociedades argáricas y sus implicaciones sociales: una propuesta de investigación”, Menga. Revista de Prehistoria de Andalucía, 1, pp. 37–51.

– Moreno Onorato, M. A., y Contreras Cortés, F. (2010). La organización social de la producción metalúrgica en las sociedades argáricas: el poblado de Peñalosa. Menga: Revista de prehistoria de Andalucía, (1), 53-76.

– Moreno Onorato, M. A., Alarcón García, E., Contreras Cortés, F. (2012). La metalurgia y otras actividades de mantenimiento en una casa argárica. El complejo estructural XVIa de Peñalosa (Baños de la Encina, Jaén). Antiquitas, (24), 95-116.
– Renfrew, C. (1979): Problems in European Prehistory, Endinburgh University Press, Edimburgo. Sanchez Romero, M. (2008). Childhood and the construction of gender identities through material culture. Childhood in the Past 1, 17-37.
– Schubart, H. y Arteaga, O. (1983): “Fuente Álamo y la cultura de “El Argar”, Revista de Arqueología, 24, pp. 16–27 Serrano Ariza, R. (2012). Fortificaciones y estado en la cultura argárica. Arqueología y Territorio, (9), 49-72.
– Siret, E. y Siret, L. (1890): Las primeras edades del metal en el sureste de España. Resultados obtenidos en las excavaciones hechas por los autores desde 1881 a 1887. Barcelona.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s