¿QUE ES VERDAD Y QUE ES FALSO DE LA PERSECUCIÓN Y REPRESIÓN RELIGIOSA ANTES Y DURANTE LA GUERRA CIVIL EN LA REGIÓN DE MURCIA (1936-1939)?

En esta entrada del blog se expondrán los datos obtenidos de una investigación histórica realizada por los alumnos de 3º del Grado de Historia de la promoción 2012-2016 en la Universidad de Murcia: Kilian Campoy Hidalgo, Víctor Carrasco Martínez, Andrés Alberto Cerdá Pérez, Juan Carlos Colmena Rubio, Carolina García Hernández y Sandra López Parra.

En dicha investigación realizada con fuentes primarias digitalizadas en la pagina del ministerio de educación PARES, las cuales podréis cotejar y comparar vosotros mismos en el enlace anterior.

CAUSA GENERAL

Para realizar este trabajo de fuentes historiográficas tuvimos que realizar una tabla donde podréis observar las diferencias en los distintos pueblos y parroquias de la Región de Murcia, y el grado de represión y persecución eclesiastica que se dió antes y durante la Guerra Civil Española. En la tabla se observa un listado de las distintas iglesias, conventos, ermitas y colegios de la Provincia de Murcia, con los principales daños, robos y desapariciones y su valor en pesetas de dichos sucesos.

TABLA DE DATOS COTEJADOS EN LAS FUENTES

Lo primero, decir que conocemos estos datos por las cartas enviadas entre las distintas parroquias de la provincia de Murcia y la fiscalía de la Causa General, ya que esta fiscalía, pedía a las parroquias un informe lo más detallado posible de los daños, robos y desapariciones que sufrieron durante la revolución roja, para poder tomar medidas sobre ello.

Fue encargada esta investigación al ministro de Justicia franquista, Eduardo Aunós, tras la Guerra Civil, mediante Decreto del 26 de abril de 1940. El objetivo era recopilar todos los hechos delictivos rojos para dar la peor imagen posible de ellos. Concretamente en esta pieza sobre su actuación con el clero y todas las instituciones eclesiásticas, es especial a los daños que sufrieron  consecuencia de este hecho los bienes como las imágenes, los templos, los objetos sagrados, ropajes eclesiásticos, etc. La audiencia de Murcia era la encargada de recibir estas notificaciones de los desperfectos, que mediante el puesto de fiscal se examinaban los casos que se les remitían por parte de las diferentes parroquias analizadas.

Los documentos de la décima pieza, la cual es la que alberga las fuentes cotejadas, son un inventario pueblo por pueblo de la región de Murcia e Iglesia por Iglesia o cualquier institución religiosa para ver la actuación que al estallar la guerra tuvieron los republicanos. Hay que tener en cuenta que estas fuentes no son del todo fiables pues se tergiversan en cierto modo para los intereses del Movimiento Nacionalista, por lo que hay que tener ojo a la hora de estudiarla y saber bien interpretarlas. Los documentos tratados se sitúan entre 1941-1943, pero la pieza completa abarca de 1941 a 1946.

Huerta de Murcia

            En el caso de las de la Huerta de Murcia vemos una diferencia si son de Murcia capital o de las pedanías y pueblos de los alrededores, ya que la valoración y número de daños es de mayor valor en las iglesias de la capital murciana, con unos valores que superan el millón de pesetas, una cifra desmesurada para la época que estamos tratando. A pesar de estas diferencias de valor de daños y pérdidas, hablamos de una sismilitudes en eso mismo. De forma general se habla de destrucción del edificio, como pueden ser las ventanas, las campanas, la torre, el altar, las puertas o escaleras; de destrucción de imágenes, en las que destacan la destrucción de obras importantes como las de Salzillo, lo cual sube el precio de la destrucción y pérdida; ornamentos y objetos de culto, como cálices, copones, reliquiarios, órganos, la vajilla, bandejas, estatuas, entre otras cosas. También hay que destacar la destrucción en algunas de las iglesias de los cementerios sagrados, como en la Iglesia Parroquial de Espinardo o en la Iglesia de San Lorenzo. No es de extrañar que el mayor número de destrozos y robos se den en las mayores iglesias de la capital, y donde el valor en pesetas es mayor, como ya he mencionado antes. El número de gentío en esas zonas es mayor, ya que hablamos de la zona del casco antiguo de Murcia, el centro de Murcia, donde el número de personas era mayor, donde las iglesias eran de mayor tamaño para acoger un mayor número de feligreses. Por ello hablamos de un mayor número de objetos de culto, ornamentos, unas infraestructuras mucho más cuidadas y de mayores dimensiones, pues estas iglesias eran grandes obras arquitectónicas. Pues son esas las que más destrozos sufrieron y las que más ayuda monetaria necesitan para su recuperación del suceso de la época roja. Incluso hay algunas que fueron usadas como centros de control o almacenes para bombas, como la de la Era Alta.

En la comarca de la Huerta de Murcia hay constancia de una gran cantidad de destrozos y ataques del bando republicano a edificios religiosos. Los pueblos que en esta comarca se nombran en el intervalo de documentos entre el 157 y el 190 son: Sangonera la seca, Guadalupe, Avileses, Murcia (capital), Baños y Mendigo, Corvera, Aljucer, Monteagudo, Los Martínez y Nonduermas. Los objetos que predominan en estas listas son retablos, imágenes, ornamentos, cajoneras, incensarios, confesionarios, órganos y campanas. El carácter de los destrozos es muy similar entre todas las parroquias y ermitas, además de que la cuantía no parece en ningún caso desproporcionada, así que se puede discernir un intento de peritaje justo y riguroso en esta área de la Región.

Vega Alta

En contraposición con la Huerta de Murcia, encontramos los edificios atacados en la Vega Alta. Los pueblos que se incluyen en esta comarca son: Mula, Cieza, Abarán y Lorquí. Aunque el listado de objetos destrozados es muy similar a los inventariados en la anterior comarca, los importes de éstos destrozos llegan a multiplicar por diez los de la Huerta de Murcia, encontrándonos casos como el de Cieza, en el cual entre cuatro de sus edificios y sus respectivos destrozos, una suma de seis millones cien mil pesetas. Estos precios más que inflados, nos muestran el descarado intento de estafa por parte de la Iglesia, aprovechando los ataques. Estas prácticas, con los documentos en la mano, resultaban tristemente frecuentes.

Moratalla

Similar lo sucedido en la Vega Alta, tenemos el caso de Moratalla, en la comarca del Noroeste. Este pueblo envió un listado en el cual se aunaron Parroquias y Ermitas que en ningún caso excedía el volumen de daños que se produjo en la Huerta de Murcia, la cual utilizamos como muestra de una valoración más cercana a justa, y sin embargo el valor de los desperfectos moratalleros ascienden a la escalofriante suma de siete millones ciento cuarenta y ocho mil pesetas. En casos como éste, la intención de inflar el precio parece evidente.

Campo de Cartagena

En cuanto a las de la comarca del Campo de Cartagena, la valoración de los daños y pérdidas sufridos es menor que en la Huerta de Murcia y también se puede ver como el detalle de desperfectos y daños es menos específico que en la capital murciana y alrededores, además de que en varias ocasiones no se especifican el valor en pesetas de lo sufrido. También, el número de iglesias, conventos, ermitas o colegios en esta comarca es menor, y eso influye mucho a la hora de valorar este suceso.

Abanilla y San Javier

En la zona oriental podemos ver el caso de Abanilla con la Ermita de San Antón. De aquí destaca que los daños causados no suponen un gran gasto comparado con el resto de las poblaciones, se enumeran objetos dañados que en su total suman 5.400 ptas., cifra relativamente pequeña al compararla con San Javier, donde asciende a 435.000 ptas. con la suma de todas las iglesias de la población. Aquí se incluye en territorio de Roda que actualmente no pertenece a la Región de Murcia.

Valle de Ricote

En el Valle de Ricote encontramos a Ricote y también a Pliego, aquí nos llama la atención  en hecho de la desaparición del cura párroco a manos de los republicanos, aunque no se da más datos al respecto. También esta Villanueva del Río Segura, en este caso se menciona la causa de la destrucción, quema y desaparición de los vienes a la “revolución marxista” asociada a los rojos. En Ulea ocurre igual con esa denominación. Aquí llama la atención en espacio que dedican a hablar sobre la imágenes destruidas, en total 16, haciendo especial hincapié en 4 de ella: de Cristo, San José, la Dolorosa y San Juan que dice creen que eran de Salzillo por los que su valor sería mayor que el resto, pero todas se han perdido victimas del fuego. No solo habla del valor material de los daños, que asciende a 120.000 ptas. sino que también habla del moral y artístico que es irremplazable e incalculable. No solo se habla de Iglesias también de las pérdidas  en Casas Rectorales como la de Roldan o la de Balsicas en Pacheco. En esta zona se destruyó gran cantidad de alhajas, imágenes, retablos, cuadros…que ascienden a 465.700 ptas.

Totana, Librilla, San Pedro del Pinatar, Torres de Cotillas y Beniel

En Totana los cuadros, retablos, imágenes, puertas… de las diferentes parroquias y ermitas suman 857.508 ptas. en daños, muy cerca de esa cantidad se encuentra Librilla y San Pedro del Pinatar  con 500.000 y 750.000 ptas. respectivamente. En Librilla también se menciona la perdida de imágenes realizadas por Salzillo, lo que aumenta el daño. Menores son las cantidades de las Torres de Cotillas con 225.000 ptas. y Beniel 145.000 ptas.

En todos ellos se hace alusión también a los republicanos como marxistas, por su relación con la Unión Soviética, ya que Rusia fue su única aliada en la Guerra Civil contra los nacionalistas, mientras estos contaban con la ayuda de Italia y Alemania (el bloque fascista) mientras Francia y Gran Bretaña intentaban mantenerse al margen.

Jumilla

En Jumilla se habla de “época roja” pero además se habla del comienzo del conflicto, de 1936, con el asesinato de dos religiosos Padre Fray. Jerónimo Moreno Salinas, también se nos dice el lugar donde se le asesinó, La Alberca, en Murcia y el Hermano Fray Fernando Zaballa en Cartagena en 1936, esto nos ayuda a poder hacer una geografía de las muerte de los religiosos, ver las poblaciones donde más ataques sufrieron los curas y párrocos que paradójicamente es en el mundo rural donde la violencia alcanzó más nivel, pese a suponerse que las áreas de campo son las más católicas.

Además cuenta con información sobre personas particulares que poseían objetos sagrados y religiosos que han perdido a causa de los republicanos como Doña Antonia Martínez Sardoi camarera de cofradía y que tuvo la pérdida de las imágenes de adoración de la Huerta de 5.000 ptas. Doña Walda Velasco con 10.000 ptas. por joyas, ropas e imágenes de la Soledad y Jesús Nazareno. Don Juan Paco Baena párroco de la Iglesia del Salvador con grandes daños en el archivo parroquial, altar mayor…valorados en 500.000 ptas. Se da gran detalle sobre los propietarios y el patrimonio. Al analizarlo vemos que todos coinciden viviendo en la calle Cánovas del Castillo.

Fuente Alamo, Fortuna y Mazarrón

En Fuente Álamo el gasto es menor solo 11.000 ptas. En Fortuna encontramos los daños por parroquias y ermitas con sus respectivas pérdidas de bienes: imágenes, órgano, tabernáculo… con 577.000 ptas. En Mazarrón: Parroquias, Convento, Diputación de ermitas por valor de 497.300 ptas.

Lorca

En Lorca se enumeran un gran número de parroquias, iglesias, rectorales, conventos y ermitas con gran detalle porque no solo se centra en la población concreta de Lorca, sino en todos los núcleos dependientes de ella. Aquí el azote rojo fue muy grande y supuso grandes daños, no nos habla de las víctimas humanas, pero si nos da los datos, como en los casos anteriores de las pérdidas materiales, se habla de más de 300 imágenes cuyo valor ascendía a más de 2 millones de pesetas, retablos por valor de 1´5 millones y cuadros por un millón, luego analiza ermita por ermita. El total son 12.189 210 ptas.

La fuente podría estar exagerada y no ser exactamente así los hechos, el total de gastos asciende a 17.555.624, de los que gran parte corresponde a Lorca (hay que tener en cuenta su gran dimensión al sumársele todos esos núcleos poblacionales). Se sabe que hubo muchos ataques a las miembros de la iglesia y tras estos los siguientes afectados fueron los templos y demás infraestructuras quemados al igual que gran número de imágenes, que esta fuente se da gran relevancia a la perdida de estos bienes.

Murcia

Un domingo de septiembre de 1936, el párroco de Nuestra Señora de El Carmen (Murcia) fue ejecutado públicamente. Tras ser arrastrado por el suelo, atado de pies y manos, por una turba de “espontánea” desde la Cárcel provincial hasta la misma Parroquia carmelitana, al párroco Sotero González Lema, “el cura Sotero”, se le cortó una mano en la Plaza Camachos, los genitales en el Jardín de Floridablanca y fue quemado vivo colgado de una pared dentro de la misma Iglesia. Ningún periódico de la época contó la historia, ningún político del Frente Popular denunció los hechos y ningún juez emprendió acciones legales contra sus ejecutores. La “Memoria histórica”, lema propagandístico de ciertas actitudes ideológicas, la ignora más de medio siglo después.

El olvido que sufrió y sufre aun esta historia, aparece como ejemplo evidente de una construcción mitológica, idílica y romántica, difundida sobre el pasado republicano; construcción fundada sobre el concepto ideológico de la democracia, que desvirtuó entre 1934 y 1939 su realidad como técnica de representación y participación política, y fabricó de uno de los grandes falsarios de nuestra historia contemporánea: la justificación de la violencia política durante la II República y la “República en guerra”. La entonces Provincia murciana es un testimonio ilustrativo al respecto.

La prensa local ocultó durante tres años los rostros, los nombres y las circunstancias de los más de 1.060 asesinados en la provincia de Murcia (1812 para R. Salas Larrazabal). Este fenómeno de eliminación física de “naturaleza clasista”, recuperado por la Causa General (1943) fue el hecho más visible de la represión republicana durante la Guerra civil; pero estos datos no pueden hacernos olvidar que fueron la consecuencia extrema de un proceso más amplio de uso político de la violencia con fines de transformación revolucionaria.

Daños materiales más importantes

Los robos, saqueos y destrucciones en las distintas iglesias de los pueblos de la provincia de Murcia por parte de los rojos, estuvieron caracterizados por la desorganización, el pertenecer a una comarca u otra era indiferente, puesto que la intensidad de los daños dependía de la riqueza de la iglesia destruida y no del área en la que se encontrara. En este sentido, acentuando lo indicado, nos encontramos que cada uno de los pueblos donde el valor de los daños fue mayor: Alcantarilla (Huerta de Murcia), Alhama (Bajo Guadalentín), Cehegín (Noroeste) y Molina(Vega Media), es de una comarca distinta. Los efectos de esta violencia, no solo iban dirigidos contra las iglesias más importantes de cada pueblo, sino que esta persecución religiosa, se extendía a los alrededores de las villas, donde numerosas ermitas fueron dañadas. Los robos, incendios y demás daños también tuvieron lugar en edificios públicos. Tal es el caso de la villa de Blanca, donde además de ser dañada la iglesia parroquial y la ermita, también se produjeron daños en el Hospital y en la Escuela.

No solo fueron atacados los edificios eclesiásticos y de carácter público, sino también viviendas particulares, como por ejemplo en Albudeite, donde conoce la comparecencia de una vecina, Doña Eustasia García Fernández, la cual relata cómo el 24 de agosto de 1936, una comisión de rojos asaltó su domicilio, llevándose vasos sagrados, ornamentos y demás alhajas. Esto nos puede llegar a indicar que este movimiento fanático religioso, no era movido únicamente por el factor ideológico, sino que buscaban al fin y al cabo un beneficio económico.

En la mayoría de pueblos los daños se reducen a robos y desperfectos, pero también hay casos donde se producía una destrucción total y donde los rojos llegaban a ocupar temporalmente partes de los edificios de culto, un caso de lo indicado fue en Campos del Río, donde el templo parroquial fue totalmente destruido, e incluso la construcción exterior, quedo quebrantada por haber sido empleada en tiempo rojo, como habitación de refugiados.

La persecución religiosa también arrasó con conventos como el de las Hermanas Salesianas y el de San Francisco de Alcantarilla, con el Convento de Nuestra Señora de la Consolación de Archena, con el Convento de las Maravillas de Cehegín y numerosos más. Por tanto a la hora de saquear no se hizo distinción alguna entre hombres o mujeres, pues las monjas también sufrieron la violencia del hecho acontecido. Todo aquel que estuviera relacionado con lo religioso, era visto por parte de los rojos  como un enemigo al que atacar, sin consideración alguna.

Las destrucciones, desapariciones, robos, incendios en todos estos edificios de las villas y alrededores, supuso a su vez la destrucción del rico patrimonio artístico religioso, pues durante esta persecución se perdieron innumerables piezas de gran riqueza como son algunas de las obras del escultor barroco Francisco Salzillo, joyas como un collar de oro donado a la patrona por el Señor Arzobispo de Valladolid, imágenes del siglo XI valoradas cada una en un millón de pesetas o varias coronas de imágenes de gran valor, entre ellas una regalada a la patrona de Aledo, por Alfonso X el Sabio.

Daños personales: Asesinatos políticos

La persecución y el asesinato de naturaleza política es el hecho más visible historiográficamente. Como hemos visto antes, este fenómeno poseía precedentes evidentes durante la primavera de 1936, pero durante los primeros meses de Guerra el asesinato y represión política se dirigió abiertamente contra todos los posibles miembros de la “clase social dominante”: políticos y ex políticos conservadores,  dirigentes y militantes de formaciones partidistas, y empresarios, propietarios y religiosos no siempre con vínculos e identidades políticas (Rodríguez Llopis recoge a 45 propietarios asesinados, la mayoría en Jumilla, Torre Pacheco, Moratalla, Mula, Yecla y en Bullas, localidad donde de sus 9 asesinados 3 pertenecían a la misma familia, los Melgareses Marsill).

La brutal represión religiosa en Cartagena conllevó la quema, incautación o destrozo de todos los templos del municipio (especialmente significativa fue la actuación contra las Iglesias de Santa María de la Vieja, Santa María de Gracia, Nuestra Señora del Carmen, y la de la patrona de la ciudad, la Iglesia de la Caridad); y llegó al asesinato de 7 párrocos locales: Pedro Gambín Pérez, Antonio Pacual Navarro, Francisco Soler Espinosa, Agustín Delgado Maciá, Antonio Hernández Ruíz y José Martínez Fortuny. Resulta harto significativo como en la ciudad portuaria, 67 de sus políticos conservadores y derechistas fueron ejecutados oficial y extraoficialmente. Esta “represión selectiva” se cebó con la gran mayoría de la clase política desafecta el Frente Popular, entre quienes encontramos a Francisco Roselló Hernández, presidente de la Juventud Católica local, a Juan Dordá y a Antonio Egea, antiguos concejales de la Dictadura, a Eladio Inglés Cutillas, concejal de Acción popular, a Enrique Pedro González, presidente de las JAP, a Adolfo González Amor y Cuellar, fundador de la Falange municipal, a Francisco Dionisio Oliver, presidente local y concejal de AP, a Miguel Carlos Roca, secretario de AP, o a Isidro Juan Martínez, presidente de la Juventud tradicionalista. Como en otras regiones de la España republicana, la violencia política en la Cartagena frente-populista tuvo sus raíces en el periodo previo. Egea Bruno muestra como la inestabilidad política se remontaba al primer gobierno local socialista-azañista, dónde en sólo dos años se sucedieron nueve alcaldes.

Otras localidades de la provincia sufrieron el mismo proceso, aunque con niveles lógicamente más reducidos que en el campo de Cartagena o en la misma capital. En Jumilla, los mismos días 17 y 18 de julio de 1936, “ante la fachada de antiguo Concejo de la villa” fueron ejecutados públicamente dos presos falangistas, Juan Martínez Erasio y Pedro Cutillas Sánchez, y un “propietario” como Constantino Porrás. El día 25, en la misma localidad fueron quemadas varias Iglesias y ocupados decenas de terrenos privados, e incluso semanas después, una pequeña “turba” dirigida por la llamada Tía Leonor (o “la Capitana”) incautaron las imágenes religiosas del Cristo amarrado a la Columna y de la Abuela de Santa Ana (el paroxismo de la primera represión alcanzó a la primera víctima de los “paseos” jumillanos, un ugetista acusado de propinar una paliza a un joven local. El 26 de julio fue ajusticiado en la Fuente Negra de Yecla, Martín Azorín Martínez, conserje de Acción popular; el 5 de agosto cayó asesinado en la carretera de Pinoso el cura-rector de la pedanía de Raspay, Antonio Martínez Urios; y días después fueron ejecutado en Albacete el arcipreste Francisco Campos Martínez, antiguo párroco de La Purísima, y en la carretera de Jumilla, el exconcejal de 64 años Antonio Martínez Ortega. Ese mismo mes, en Cieza se atentó contra los templos religiosos, el juzgado, el registro civil, el registro de la propiedad y la notaria. Pero sería el 28 de septiembre de 1936 cuando, en pleno funcionamiento del Tribunal popular, se produjo en Murcia el hecho más significativo: se asaltó la Cárcel provincial y se ajustició a cuatro de sus presos políticos “derechistas”.

VALORACIONES PERSONALES

Una vez analizadas las imágenes correspondientes a la decima pieza sobre la Persecución Religiosa en la Provincia de Murcia que se refleja en los documentos de la Fiscalía del Tribunal Supremo que fueron usados en la Causa General por el Bando Nacionalista para dar una imagen lo más violenta y sangrienta posible sobre los republicanos y así poder legitimarse sobre el golpe militar dado contra la II República en 1936, que como bien se sabe, fracasó y dividió al país en dos llevando a una Guerra Civil y culminando con la instauración de la Dictadura Franquista. Esto nos muestra como durante estos dos importantes períodos de la historia de España, no habia un poder gubernamental estable que pudiera reprimir estos saqueos y profanaciones en las Iglesias. También nos da una pista de la forma del gobierno, ya que si no protege a estos edificios es porque el estado es aconfesional. Lo que produce esta separación de Iglesia y Estado en la II República, es una pérdida muy importante de su influencia, y la de sus valores, en la sociedad, por lo que ahora los grupos de derecha como eran la Iglesia, terratenientes, nobles, se ven en una situación amenazada al no poder someter mediante el miedo y el control de la Iglesia a la sociedad. Serían los grupos de izquierdas los que tomarían esta inciativa de saquear e incendiar las parroquias.

A nivel global podemos ver el gran daño que sufrió el patrimonio eclesiástico en este tiempo de lucha, esta información es usada por Franco para legitimarse en el poder, además siempre contó con la Iglesia como unos de sus pilares fundamentales, esta lo apoyó en el cargo, también haciendo ver a los republicanos como enemigos de la religión, siendo España un país muy católico ganaba adeptos.

En el análisis de los daños producidos a las diferentes parroquias podemos sacar numerosa información. En primer lugar, vemos como casi todas reclaman en sus cartas de informe de daños, los mismos desperfectos. Los más frecuentes afectaban al Altar Mayor y la destrucción del Retablo o los retablos dependiendo de la magnitud e importancia de la parroquia, del robo de las campanas, desaparición o destrucción de imágenes (elemento muy importante en las iglesias para mostrar la religión a la población, la mayoría campesina y analfabeta), desaparición de ornamentos y objetos de oro y plata, algunos de ellos de gran valor, de monumentos, de ropas, de órganos, etc.

En cualquier caso y lo que es cierto es que la Iglesia no realizó durante este período ni durante épocas anteriores una labor acertada, o simplemente digamos que no supo adaptarse a los cambios que la sociedad demandaba. Si hubieran seguido otra política diferente es posible que no se hubiera llevado a cabo, ya no solo todos los saqueos que se llevaron a cabo, debido a que esto sería imposible de controlar en ciertas zonas y a toda la población, pero si que se hubiera reducido el régimen de expoliaciones. También hay que decir que los saqueos fueron una acción acertada por parte de los miembros de la sociedad que se lanzaron a ellos, ya que por estas acciones se produjo una pérdida importante de numerosos objetos antiguos, de numerosos libros que serían para nosotros los historiadores, aunque siempre salvaguardando el críterio religioso por el que se regían, objetos de estudio y de gran valor para conocer un poco más la sociedades pasadas, también de obras de arte ubicadas en estos complejos religiosos de gran valor artístico y económico, etc.

Junto a los documentos y listados de la persecución religiosa, se puede ver en los anuncios de la época un gran número de negocios relacionados con todo tipo de objetos y construcciones para la iglesia. Hay desde objetos para el culto divino, para documentos mediante librerías y paeplerías, mantos, túnicas, capas, orfebrería, artículos para catequesis, estatuaria, hasta vidrerías de espejos venecianos para iglesias oratorios o cualqueir tipo de edificio o domicilio. Esto no es casualidad, ya que como vemos en las pérdidas y daños de las iglesias, son el tipo de objetos que la iglesia comunica a la fiscalía en sus distintos partes de pérdidas y destrucciones en la época roja.

Estos negocios surgen a raíz de este suceso, ya que ante la falta, subirá la compra de estos objetos y tipos e construcciones, que tanto la Iglesia como el Estado comprarán para poder volver a establecer las iglesias como antes de estos sucesos. Y probablemente ya no solo la Iglesia y Estado, sino la propia gente, que querrá donar lo que compre a la Iglesia por la mentalidad del momento, además para el uso personal en su propios hogares. Habría que realizar un estudio de las compras de objetos religiosos y todo tipo de cosas relacionadas con la Iglesia, para poder aproximarse a una conclusión que permita decir que este hecho fue un motivo para el surgimiento y aumento de estos negocios, y si a partir de ello las compras ascendieron.

En el ámbito económico hay que señalar ciertos puntos importantes:

  • Las cifras que manejan los clérigos, y que solicitan para la restauración de sus respectivas Iglesias, están dentro de un intervalo similar entre 30000-150000, aunque hay algunas excepciones, lo que nos lleva a otro punto que nombraremos con posterioridad.
  • Las parroquias en su mayoría suelen estar en un ámbito rural, de las analizadas muy pocas se encuentran en una ciudad, como podía ser Murcia en aquella época. Esto nos puede llevar a obtener infomación del tamaño de estos efidicios religiosos, debido a que si se encontraba en una zona rural donde no suele haber grandes concentraciones de población, el tamaño de estas sería inferior al que podría ser el de las localizadas en el núcleo o en las proximidadades de la ciudad. Esta visión también puede ser apoyada por las cantidades exigidas para las reparaciones de las parroquias, ya que cuanto más grande y ostentosa sea, en principio, más se habrá expoliado en ella y mayor sería el dinero destinado para su vuelta a sus funciones normales con todo el material requerido, y restaurado.
  • En la actualidad se hubiera enviado un perito que examinara los daños causados por los asaltantes y su informe es que hubiera servido al estado para conceder una cantidad mayor o menor. Pero en esta época nos encontramos con el nacional-catolicismo, los clérigos son personas importantes e influyentes, además de ser hombres de fe, por lo cual ellos no pueden mentir y debería ser cierto todo los que reclaman en sus informes.
  • Otro punto que cabe destacar sería las reclamaciones de dinero por los desperfectos. Se podría comparar con alguna otra fuente para conocer realmente se esta diciendo la cifra exacta de todos los desperfectos o si en realidad, esta cifra esta adulterada por diferentes motivos como podrían ser el beneficio del propio párroco u otras personas.
  • Hay ciertos documentos en los que se señalan mencionando cual es su valor, en una especie de lista, mientras que otros directamente los expresan en párrafos y de forma muy genérica, esto puede suponer que el propio clérigo no tuviera conocimiento de lo saqueado porque el encargado de la iglesia con anterioridad a los sucesos de los saqueos hubiera muerto o jubilado, aunque también puede tratarse de otros motivos.

Es curioso ver como los daños y pérdidas en varias iglesias son muy similares, pero la valoración en pesetas es distinta, siendo en ocasiones bastante más mayor en algunas iglesias, incluso hay casos en los que el párroco comenta que los daños sufridos en aquel momento serían tres veces mayor si pasase ahora. Esto se puede interpretar de dos maneras, por un lado pensar que lo daños sufridos fueron muy grandes y que en cuestión de diez años el precio de las cosas suben desmesuradamente, después de una guerra y en pleno periodo de posguerra; o que las iglesias aprovechan la ocasión para poder inflar el valor de los daños sufridos y así pedir unas cantidades desmesuradas de dinero.

A nivel global podemos ver el gran daño que sufrió el patrimonio eclesiástico en este tiempo de lucha, esta información es usada por Franco para legitimarse en el poder, además siempre contó con la Iglesia como unos de sus pilares fundamentales, esta lo apoyó en el cargo, también haciendo ver a los republicanos como enemigos de la religión, siendo España un país muy católico, ganaba adeptos.

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